Sobre las galletas chinas de la suerte

June 28, 2007

Esta mañana me levanta una enorme sensación de ausencia de deseo. Estaba vacía.

No me pasa en el amor, que por estos días está de primer aniversario. Pasa en el trabajo. Me falta guía, orientación, definiciones, saber hacia dónde debo dirigirme, qué debo hacer, para qué estoy donde estoy. Es una situación absolutamente contradictoria, porque sin duda, la experiencia está rodeada de voces, abrazos, felicitaciones, regaños, malas miradas, agresiones, sonrisas, palmadas en la espalda, puñaladas llenas de veneno a mis allegados.

Quiero saber qué es todo esto. Leo mi galleta de la suerte.

Dice en inglés: “Lo más dificil ya pasó”, “La soledad es un estado mental”

Hoy me encuentro con que las personas piensan cada uno en lo que le conviene. Y que yo casi nunca lo hago. Será que eso está mal?

Máquina de escribir

October 30, 2006

Llegamos temprano al centro. Nos bajamos del carro y salimos cogidas de la mano, mamá, mi hermana y yo.
Nos metemos al ascensor. Yo busco el botón con el nudo en el estómago. Quiero presionarlo pero está muy alto. 24, por favor. Vértigo raro de ascensor, con toda la ansiedad de mis 7 años, y toda la ausencia de papá en mi mente. Deseante.

Salimos saltando, mi hermana y yo. Mamá iba preocupada: “No hagan mucha bulla, vayan a escribir un cuento”.
Nerda desde los 6 años, cuando descubrí que además de ojos con gafas sabía leer más temprano que mis amiguitas, me senté frente al aparato. Esas teclas duras, altas, eran trampas para mis dedos que se quedaban atascados entre ellas de tanto presionarlas con afán. Quería escribir tan rápido como mamá. Quería inventarme las historias que a mí me habría gustado escucharle. Salían de a página cada una. Luego, había que ilustrarla. Pero eso es otro cuento.

Luego me quedaba un buen rato mirando por la ventana.

Me gustaba ver a la gente moviendose en el centro, y escogía por lo general alguien con ropa de color rojo. Era su color favorito.
Bloguear es eso mismo. Es pararse en la ventana y mirar a la gente. Luego te sientas a la máquina y empiezas a escribir.

Preguntas esperadas

August 9, 2006

Y por qué te retiras?
Y por qué eres tan dura contigo misma?

Solo él sabe decir
lo no dicho
solo él lo ha visto
solo él sabe hacerme
reir y llorar
al mismo tiempo
en el diván.


Jan Vermeer, Woman in Blue, c. 1663

Complicada cuestión cartesiana

June 27, 2006

Y eso de dejar de pensar cómo se hace?
Y eso de dejarse acariciar sin temor a ser golpeada, dónde lo enseñan?
Y es que una mujer debe sentir sin la cabeza?
Y es que la cabeza tiene la culpa de todo?
Y si el origen del miedo está en la cabeza, por qué se siente tan frío?
Y si no pienso, podré darme cuenta de lo que siento?

Estas son las preguntas que se hacen al terapeuta, cuando el diagnóstico de miedo y exceso de racionalización es revelado al paciente.

Aaron Bohrod. All this and World War II. 1978.

Aaron Bohrod. All this and World War II

Alfonsina

January 25, 2006


Gustave Courbet, Woman with a Parrot, 1866

Cuando la nueva maestra de música dijo “quiero que alguien cante”, me sentí tiesa, muda, sorda y tonta.
Mis compañeras le dijeron: ella sí que canta bonito, y me lo creí, en mi narcisismo enorme cual carpa de circo.
Ella se dió cuenta de mi vergüenza, mis mejillas rojas como claveles.
“Cante”, dijo.

Yo sólo me sé una canción profe:

Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más
y un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda
y un sendero solo de penas mudas llegó
hasta la espuma

Sabe Dios que angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas
la canción que canta en el fondo oscuro del mar
la caracola

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma
y te está llamando
y te vas, hacia allá como en sueños,
dormida Alfonsina, vestida de mar.

(qué guitarra)

Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado.
Y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más
déjame que duerma, nodriza en paz
y si llama él no le digas que estoy,
dile que
Alfonsina no vuelve.
y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Y una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma
y te está llamando
y te vas hacia allá como en sueños
dormida Alfonsina, vestida de mar
y te vas hacia allá como en sueños
dormida Alfonsina, vestida de mar.

Hoy me canta Calamaro, y suena igual hermosa. Siempre, la belleza de una mujer. Hoy, más que nunca.

G

January 8, 2006

G. era un hombre sensible, amante de la música, de los viajes cortos y largos, de las mujeres y de la vida bohemia. Nació en PN, y creció con sus hermanos en un hogar complicado y violento. Salió de su pueblo hacia la capital con su familia, como muchos otros colombianos, hijos de la violencia. Y empezó a fumar a los 14 años. Y leía compulsivamente, le gustaban la publicidad, las novelas macondianas y tomarse unos tragos con los amigos.
Viajó a C, donde conoció a L, con quien se casó después de un viaje a otro país. Tuvo tres hijos que amó con el alma y que siempre, a pesar de la distancia lo sintieron cercano.


Autor desconocido, sin título, 1965

Fue alcohólico, quizás por el deseo de no tener presente el pasado, que lo perseguía. Por eso le gustaban el ciclismo, los libros y los carros: quería huir, era necesario. Del dolor, del miedo, de sí mismo.
Y siguió huyendo, separándose inevitable y dolorosamente de los que amaba. Murió una tarde de mayo, lluviosa y fría, como la de hoy. En ese año, 1999, su hija mayor tuvo un sueño, donde un gato azul en el tejado lo miraba por la ventana, a su lado una botella medio vacía, un cigarrillo en la mano y la bicicleta contra la pared.

Te recuerdo cuando escribo. Siempre. Te extraño.

Quatro

January 7, 2006

Desde que tengo uso de razón, he tenido habilidad con las palabras. Ha sido fácil, de algún modo, comprender el mensaje que esconden. Ambiguo, inexacto, subjetivo. Quizás por eso me hice psicóloga y maestra de idiomas: me gusta… no, me fascina el lenguaje.

Un día descubrí que podía traducir una pintura (bueno, me lo dijo una maestra en una clase de arte que tomé). La primera y la única que he traducido se llama Essence Mulberry. No es realmente una pintura, sino un woodcut, algo así como un sello grande, tallado en madera, al que se le ha puesto color líquido, por decirlo de alguna manera.


Helen Frankenthaler, Essence Mulberry, 1977

Hice cuatro traducciones. Mi traducción final fue tridimensional. La llamé Quatro, no por numeración sino por razones puramente emocionales. La traducción es realmente una interpretación, no importa qué traduzcas. Y finalmente, Essence era para mí una representación de los cuatro elementos: agua, fuego, aire y tierra. Vestí un clóset intentando mostrar esos elementos que veía en Essence. Fue un día de mayo del 2003, hacía calor y estaba comiendo pistachos compulsivamente mientras la gente observaba mi trabajo con curiosidad y cierto miedo de que las velas incendiaran las telas.

Imagino el espacio hoy, lleno de pedazos de madera, metal, instrumentos de dibujo, un candado en la puerta.


Andrea Bernal, Quatro, 2003

Imposibilidades

January 6, 2006


Helen Frankenthaler, Seeing the Moon on a Hot Summer Day, 1987

Cuando lo tuve cerca y M. supo que no podíamos seguir así. Yo lo sabía, pero no pude decirlo. Así que fué él quien habló.

Cuando estuve lejos, y llamé a F. a la casa junto a la playa. Y entonces me dí cuenta de que tenía que regresar a su lado, y no podía seguir viviendo en B.

Cuando recibí la llamada, y no pude sostener el teléfono. Empecé a llorar, pero no fui capaz de moverme. G. había muerto.

Cuando V. me dijo que le ayudara con su hija, en una carta escrita a mano a las cinco de la mañana. Tuve que irme, porque no podía seguir trabajando en S.

Cuando J. me dijo que no lo dejara, que no me fuera. No pude quedarme, tenía que volar lejos. Me hacía daño estar con él.

Cuando me senté frente al papel con el carboncillo en la mano. Tantas veces, él me guió. Sin él, no habría sido posible el trazo.

Cuando A. me pidió que me tocara al otro lado del teléfono. No pude sentir nada.

Canada 1990

January 5, 2006

Tuve la extraña sensación de no poder salir del pequeño sótano. Era un lugar paricularmente cálido y a la vez húmedo. Casi matriz? No sé cómo, ni por qué, la música allí me protegía y recogía de forma extraña, bella. Tuve mucho tiempo para oír lo que no había escuchado antes. Y supe que la vida en un país extraño era demasiado atractiva para mí. Tenía 15 años. Supe que era buena para aprender a pensar como los que son de otro lugar, supe que era tan dueña de mí misma fuera de Colombia. Y también aprendí a pensar en otro lenguaje.

Mis familiares me llevaron a una casa junto a un lago en el verano de este año. Vi los patos nadar desde la hamaca, y me preguntaba si la vida puede ser igual de bella en el invierno, cuando los patos se han ido y el agua se endurece como piedra transparente. Creo que no, creo que la belleza de la luz cuando rebota en el hielo es hermosa, con una belleza distinta. Me quedé dormida en la hamaca, hasta que escuché los ruidos de los adultos, festejando nuestro encuentro después de algunos años de distancia. Y no podía conversar con los de mi edad, siempre me he sentido más cómoda con los adultos. Quizás porque nací con el alma vieja, como dicen. Quizás porque mi ego inflado siempre ha sido así. No lo sé.

Suponía que el viento de la noche me traería nuevos olores. Y en efecto, así lo hizo.