El relato autobiográfico debe considerarse con toda la particularidad que el pensamiento narrativo le imprime. De acuerdo con esta aproximación, el paso a seguir para obtener una caracterización de la construcción narrativa debe ser el análisis de producciones concretas de pacientes con diagnóstico de esquizofrenia.
La intención de este análisis es particularizar las construcciones narrativas, desde una mirada a las operacionalizaciones de cada una de las dimensiones estructurales de los relatos.
A continuación se presentan los resultados del análisis narrativo para cada relato, presentando a los narradores, sus diagnósticos y tiempos de hospitalización. El procedimiento del análisis parte de la lectura de la totalidad y de la revisión minuciosa de cada fragmento, entre pausa y pausa del paciente. Las narraciones son caracterizadas como actos de habla, en términos de la interacción hablante-oyente. De igual manera, se caracteriza su estructura en el tiempo, las referencias y la agentividad.
Posteriormente se consignan las consideraciones generales para cada uno de los aspectos estructurales, en términos de actos, sujetos y escenarios.
I. Cuatro narraciones
LA REINA ISABEL

Diego Velazquez, Queen Isabel, 1632
Lo que yo siempre digo es que yo he sufrido mucho porque la gente, vea aquí en donde estoy se roban las cosas, son las peores ladronas, son as que vienen de allá de Roma… ahí la tiene cuando lo v’ían a ustedes entrando les roban su casa de venta un mundo de plata ¿si? Eso es lo que pasa… La vida de uno hay que saberla llevar, bien arreglada con esa ropa que me mandaron de allá de Roma hasta los hijos míos por, por, por quitarles la ropa y quitarles la plata ¿no? Esas cosas las tienen que pagar porque no es tan grande lo importante y con cosa ajena, uno es importante como Dios quiere como Dios lo mandó al mundo, si yo fuera una mujer atarbana así mismo Dios me mandó al mundo ¿si? O sus padres de uno, los padres son de aparte, claro que son de aparte, son aparte, aparte, fuera de… Ellos son Dios pero aparte hijos por ustedes digamos todo este país, no entiende, usted guarde a sus hijos… usted ha tenido hijos ¿no?
Este país tiene muchos dolores ¿oiga? Este país tiene muchos dolores de cabeza. Yo tenía las coronas de Bogotá, unas coronas que ustedes se habían robado, también unas coronas que se llaman, que se llaman… Buenaventura. Se llevaron las coronas de San Fernando, yo creía que Fernando el hijo mío y San Fernando también es hijo mío, se han robado la corona del fútbol yo creí que ustedes habían venido a esos países ajenos ¿si? Si ustedes había venido a mí y yo les había hecho una numeración y yo les había cobrado, tendrían una ciudad mejor de la que tienen ahora, lo que pasa es que ustedes lo han dicho… en nada de responsabilidad, el que quiere vivir como Dios manda así puede seguir… Todas las fábricas que ustedes se han robado son mías, una fábrica de dulces, un melao… un melao de guayaba, ustedes son… Yo… una mujer que se llama Yolanda, que es como picada, así… le había dicho que pase una, un, un vaso de agua…
Este es el relato de Miriam, una paciente de 50 años de edad, mujer conocida en la institución con el nombre de Reina Isabel. La paciente es una mujer negra y bien arreglada, con diagnóstico actual de esquizofrenia tipo indiferenciada. Está hospitalizada en la sala de mujeres número cinco, o de atención a pacientes crónicas.
Después de una presentación personal y de la solicitud de consentimiento a la paciente para registrar sus palabras con grabadora, a Miriam se le presenta la tarea con la consigna “Reina, cuénteme una pequeña historia de su vida”. Al entrar a la sala y recibir la advertencia de que no responderá al nombre de Miriam, se espera encontrar una historia sobre su noble cuna, su vida en enormes palacios ataviada con las más bellas galas. Desdichadamente, Miriam no ofrece esta historia.
En su narración ofrece un contenido fragmentado que no tiene contextualización; la historia de las coronas no es elaborada pues se hace una breve referencia a su pérdida; Roma aparece sin comentarios o descripciones que contextualicen el escenario al que hace referencia. La idea delirante (coronas) resulta ser una mezcla de muchas categorías, donde lo “real” se mezcla con otros contenidos (religiosos, deportivos).
La Reina Isabel sería un ejemplo, en la evaluación psiquiátrica, del trastorno del proceso del pensamiento que caracteriza la presentación clínica indiferenciada de la esquizofrenia. Es necesario resaltar que Miriam elabora una historia que pierde sentido, no por que ésta tenga un carácter delirante (absurdo), sino por el tipo desorganizado de su elaboración. Hay que recordar que el relato no habla de verdades.
El análisis estructural da cuenta de las operacionalizaciones de esta desorganización. En la función de referencia, las operaciones cambian de una sección del relato a la siguiente. En la primera, las referencias nunca se mantienen por más de dos líneas. Se opera una referencia inespecífica en varios casos, los cuantificadores indican una referencia general y hay una ausencia de nominalización cuando se deja al sujeto sin nombre (…son las que vienen…). En el segundo fragmento, se puede ver que ante la referencia permanente (ustedes), se mantiene un orden de contenido.
Desde el inicio se evidencian saltos en el uso verbal, que indican las rupturas en la secuencialidad de la trama. Miriam cambia de tiempo verbal cuando cambia de tema, pero de manera abrupta, sin una transición. El salto se indica cuando cambia la referencia. El cambio de persona, de lugar o de un objeto a otra cosa produce una fractura en el orden temporal. Estas rupturas temporales por cambio de referencia caracterizan la trama fragmentada. En la segunda sección, la secuencialidad temporal (indicada por el uso de tiempos verbales en pasado) se logra. Esto puede caracterizarse como estabilidad temporal por referencia permanente, ya que el uso del pronombre ustedes va de la mano con esta continuidad.
En la función de agentividad también se evidencian dos operaciones diferentes. Al inicio del relato, las alteraciones de la referencia y la organización temporal dificultan la construcción de un personaje, pues no hay sujetos que permanezcan. El fragmento siguiente logra situar la agencia en el sujeto ustedes atribuyéndole comportamientos, aunque se adscriban de manera desorganizada mientras permanecen en la trama. La agentividad articula los personajes a la trama cuando la referencia se mantiene y la trama se hace secuencial.
La reina aborda los temas del relato en relación con su experiencia pasada y presente sin elaborar ninguna de las dos; de ahí que el contenido del relato sea concreto y las interpretaciones de la paciente sean narradas en forma de frases inconexas. En este sentido, aparece evidencia de las alteraciones sobre la dificultad de desechar la información irrelevante, característica de déficit cognitivo descrito en el paciente con diagnóstico de esquizofrenia tipo indiferenciada.
ANDRÉS “AJEDREZ”

Masaccio, Profile Portrait of a Young Man, c. 1425
Llegué, mi madre… me trajo no me dijo nada… estaba en mi casa encerrado, o sea realmente no me dijo nada me trajo de sorpresa pero yo, yo me quedé aterrado porque yo vi que, yo llegué aquí y yo dije, en la entrada, en la entrada hay federales, yo si vi federales, dije vea aquí yo soy un tipo talentoso, vea yo tengo talento vea, lo que puedo hacer vea, puedo escribir, puedo rayar, puedo hablar, puedo hacer tantas cosas tan bellas, que vea, puedo pintar, puedo hacer un montón de cosas vea doctora vea, vea, venga le muestro con hechos vea, puedo pintar este, voy a pintar este… eso no es una raya eso son, usted no puede… me gustaría ser federal, me gustaría ser hasta el presidente de Colombia… tengo el papel, a Colombia me gustaría… hay tantas cosas tan lindas, que nosotros los colombianos somos brutos a la vez, no pensamos, un país que es rico en oro, rico en naturaleza, en especies animales, de cosas…
Creo en ti amigo, creo en tu sonrisa, ventana abierta de tu ser, creo en tu mirada, espejo de tu honestidad, creo en tus lágrimas, al compartir alegrías y tristezas, creo en tu mano siempre extendida, para dar o recibir, creo en tu brazo, acogida sincera de tu corazón, creo en tu palabra, sincera, cree en ti, amigo así, simplemente, en la adolescencia… elocuencia del silencio… elocuencia…
Qué quiere decir elocuencia, consecuencia, qué quiere decir la palabra psicosis para mí, quiere decir sentimiento, amor, llanto, odio, rencor, resentimientos, y yo, mis padres, pues yo cuando estaba más pequeño, mi mamá tuvo muchos enfrentamientos y peleas con mi papá, mi mamá ha sido jodida, yo considero que mi mamá es bonita y tiene un hijo, que yo me considero feo, yo soy feo, yo no me estimo yo, –llora—yo… los sentimientos, de las personas, y usted doctora, me pareció que usted… una señor lo oí hablar en la televisión que explicaba del barrio acerca de la educación, de cómo era y pues realmente me llené de sentimientos al ver que pues, no tengo plata para ayudar a esa gente, yo soy tan sentimental doctora que sabe qué? –suspira y llora—toda esa gente doctora, yo quiero ayudarla, a mis amigos, a toda mi gente, a Colombia, quiero ayudar a Colombia, y voy a ser yo, así sea por lo malo o por lo bueno, si me tiro por el narcotráfico voy a hacer un bien porque gracias a esas personas son las que dan la plata, y si soy de lo bueno, lo correcto, sinceramente, yo a lo legal lo hago, y tengo una primita en los Estados Unidos, soy conciente, creo yo que tengo que irme para España, como para conocer estos países, Perú, Ecuador, Suramérica, Brasil, me gustaría ir a Brasil, me gustaría ir a Estados Unidos a conocer el invierno allá, la nieve, me gustarían muchas cosas doctora, me gustaría en la vida, yo soy un peladito, tengo 15 añitos no más, soy un adolescente, echo cabeza, soy talentoso…
Soy talentoso, si yo no fuera talentoso, no estaría aquí, soy un culicagado de 15 años y la gente estaba diciendo que yo estaba loco, le digo a mi Dios que me calme porque yo hay veces, no sé, ahí los federales, que me dejen, que dejen permiso de Cali, limpieza, me gustaría que me dieran un revólver, y una moto, una rx-115, para la gente, salir por la noche a vigilarla, yo solamente, para ver, a mirar a la calle toda la noche… y tengo unos amigos que los estimo, los quiero, que son los del barrio mío, doctora, ellos me han pagado mal, me han pagado mal, es chimbo… perdone la palabra, son basura pero sabe qué, son seres humanos, como todos, son seres humanos y nadie…
Johan mire la palabra, Johan viene de solo, núcleo, yo, Go-han, Go de poder, han de ampliedad, piedad, bondad, tempestad, Andrés, ajedrez, pensamiento, movimiento, locura, tentación, el cuerpo, Castañeda, castaña, no la conozco, (no me acuerdo de mi papá). A mi tía y a quien más y a mi tía, y a… a mi a mi papá… hace tiempo que no lo veo, me gustaría irme a Venezuela, pero quiero irme hoy, me gustaría irme hoy…
Yo soy conciente de lo que tengo aquí en Cali me pueden dar una moto, me pueden dar un carro, una camisa, ropa, dinero, plata… soy conciente de eso, porque vea… soy tan pendejo doctora que yo estuve con una mujer en la cama, yo estuve con una mujer, un vacilón, un vacilón y no fui capaz de tener una relación con ella y ahora después de tanto, voy y no soy capaz…
(Se escucha a una persona afuera gritando América…) América ganará y América va a ser campeón, ojalá…
Esta es la construcción narrativa de Johan Andrés, un paciente con diagnóstico de trastorno esquizoafectivo. Andrés es un jovencito pálido y delgado de 15 años de edad, que llega a salas por su primer episodio. Con el paciente se sigue el mismo proceso de presentación y solicitud de consentimiento anterior, pero considerando la posibilidad de trabajar con un relato anecdótico, se propone la consigna “Cuénteme cómo llegó al Hospital Psiquiátrico”.
Aunque al inicio hace referencia a su llegada al Hospital, la trama que Johan construye es una cadena de eventos sin norte. La narración aparece en la forma de un monólogo lleno de pensamientos en voz alta, como si Johan hablase consigo mismo (con la excepción de algunas preguntas que dirige a la residente de la sala). Este soliloquio recoge en algunos momentos aspectos de su hospitalización, pero no elabora un recuento de los eventos relacionados con su entrada a la institución. El discurso recoge desorganizadamente algunos aspectos anteriores de su ingreso a salas, como los comentarios de “la gente”, su encierro, la madre que decide llevarlo a urgencias sin decirle “nada”, entre otros.
El relato se parte en el segundo párrafo, producto de la lectura de un afiche colgado enfrente de Johan. El narrador abandona la tarea, para introducir información externa en su discurso. Este fenómeno está relacionado con la frase final, en la que Johan se une a las palabras de otro. La estructura narrativa sufre de rupturas temporales en secuencia y en la perspectiva temporal del narrador, debido a estas irrupciones de información externa (yuxtaposiciones) que se “insertan” en la historia de repente.
Considerando la presentación clínica esquizoafectiva, es necesario señalar que en la construcción del relato el paciente oscila entre ideas que le llenan de satisfacción (soy talentoso, un país que es rico…) o son enunciadas con un afecto triste (yo no me estimo, yo me considero feo) que lo lleva a las lágrimas. En este acto narrativo, los contenidos se asocian claramente a la problemática emocional del paciente.
Andrés Ajedrez presenta oscilaciones en un sentido estructural. El relato no mantiene la referencia, y pasa constantemente de la nominalización (hacer referencia a las cosas por su nombre) a la inespecificidad. El caso de las operaciones de auto-referencia se trata con el uso del pronombre personal. Johan recurre frecuentemente a la utilización de esta palabra en su relato, designándose específicamente.
En cuanto a la organización temporal, se dan rupturas similares a las de La Reina Isabel, es decir, fracturas en la secuencialidad por aparición de referencias. Johan se ubica entre estas referencias, cambiando de contextos de un momento a otro. Estos cambios de escenario que se aprecian en los saltos de los usos verbales (en la entrada, en la entrada hay federales, yo si vi federales, dije vea yo soy un tipo talentoso, vea yo tengo talento vea) implican un cambio repentino de lugar del narrador como personaje. En este ejemplo, el narrador se sale del contexto súbitamente. Los cambios de escenarios rompen el tiempo externo del relato por la inestabilidad del lugar del narrador (auto-ubicación temporal).
En ocasiones el lugar del narrador desaparece, dando lugar a consideraciones relatadas en forma de una cadena de referencias que se unen por contigüidad casi fonológica. En estos fragmentos el tiempo del relato ya no une las referencias en una secuencia. Este relato regresa a un orden temporal cuando la secuencia asociativa es interrumpida por la aparición de personajes, o sujetos a quienes atribuye una acción específica (Andrés, ajedrez, pensamiento, movimiento, locura, tentación, el cuerpo, Castañeda, castaña, no la conozco, no me acuerdo de mi papá, a mi tía y a quién más).
En cuanto a la agentividad, la particularidad del tiempo del relato determina la desaparición de la acción, y la deja relatada en términos de posibilidad. Al narrar, Johan prefiere la utilización de auxiliares modales y formas condicionales, que construyen capacidades (posibilidades de acción) pero que finalmente no le constituyen como agente. Además, las referencias no mantenidas en estas secuencias atemporales imposibilitan la atribución de acción a otros sujetos. Sin embargo, existen fragmentos en los que la referencia se mantiene y es posible ver la elaboración de situaciones alrededor de personajes activos o pasivos.
En términos generales, se puede afirmar que el contenido del relato esta dispuesto en el orden en que las ideas llegan a la mente, y se narran en el tiempo en que tarda articular los movimientos que generan las palabras. La interpretación de la experiencia en este relato no es planeada; el contenido de este relato da cuenta de palabras sueltas y escenarios sin contexto. El título da cuenta de una particularidad del acto de habla de este paciente, donde los nexos se establecen incluso por criterios fonológicos (han, ampliedad, piedad).
MADRE EN EL AGUA

Leonardo da Vinci, The Virgin and Child with St. Anne and the Young St. John the Baptist, c. 1501
El siguiente es el relato de una paciente con diagnóstico actual de esquizofrenia tipo indiferenciada, que reside en la institución hace poco más de una década. Ana Marina es una mujer negra de 42 años, preocupada de su arreglo personal, que siempre se viste de colores y luce una enorme sonrisa en el rostro. Ella participó en un trabajo de grupos en la institución durante algunos meses, este trabajo permitió el establecimiento de una relación de tipo terapéutico, que enmarcó el acto narrativo en una relación previamente construida.
Es pertinente anotar que Marina tiene dificultades articulatorias del lenguaje. Los paréntesis con guiones (–) indican los momentos en los que la disartria de la paciente entorpece la comprensión de lo que narra, mientras los puntos suspensivos indican sus pausas en este acto.
De mi vida? Pues antes de aquí, al principio, tenía un tío que era padrino mío, que vive aquí en San Jorge, entonces él me (–) Puerto Tejada (—) de Buenaventura me montó aquí (—) a trabajar en una casa y después se olvidaron de mí, y no supe dónde están.
(—-) la señora que estaba (—) ¿cómo es? La dirección del Darién, donde ellos viven ahora, donde ellos viven ahora… y hace mucho tiempo, lejos de aquí, antes, al principio a mí no me gustaba venir aquí, a mí no me gustaba la hospitalización (—) trabajé dos años ahí en un taller que tenía mi padrino de Buenaventura.
Y entonces, llegué aquí… y después… veía las (—) tenía yo mi trabajo (—) a poner un taller de (—) a mí no me gustaba entonces yo me volé y llegué hasta aquí, a Santander de Quilichao, entonces yo me fui allá y cuando llegué allá (—) a los bomberos (—) y entonces el zapatero, el papá de la hija mía es zapatero, entonces él llegó (—) yo estaba acostada lo estaba esperando ya y el llegó borrachito, despacito, despacito (—) la cabeza (se ríe) (—) la cabeza le gusta más que la cola… entonces él empezó (—) rodilla (—) entonces en señal de agradecimiento… señal de agradecimiento…
Resulta que me dio trabajo y trabajaba… después la (—) cada quince días (————–) entiende lo que quiero decir?… entonces ahí quedé en embarazo y luego pues ya los estos… cómo es que se llaman… los exámenes… de sangre, resultados…
Y yo trabajaba y les cuidaba los hijos de ellos, eran tres, dos varones y una mujer, los cuidaba (–) allá en Santander de Quilichao, al lado del campito… el barrio campito.
Y allá entonces… ahí fue que yo… tuve mi embarazo (—) y luego cuando tuve la hija, el 16 de septiembre del 84 la tuve en el hospital, el parto fue de agua para que (—) y (—) mi parto lo vi todo, así, puje, abra, cierre la boca, puje, haga, no me cambiaron de colchón, porque era de agua. Y luego a los cinco días de nacida, la mujer de él… la sacó de la pieza, apagó la luz (—) y yo quedé en la pieza y ella quedó en la zapatería, ella volvió a la zapatería y yo quedé en la pieza de la casa con los hijos de ellos (—) y fue allá cuando (—) como un cuadro, como una cosa (—)…
Entonces a los cinco días de nacida (—) me dijeron que venía para acá de paseo y me vinieron fue aquí a dejar, me dejaron acá en el psiquiátrico porque yo ya me había enfermado porque me dio una rabia tremenda que casi acabo con ella porque todo quería que yo lo hiciera, todo, todo me había dicho que yo lo hiciera y yo no había hecho nada (—) era zapatera (—)
Entonces me trajeron p’acá (—) dejada aquí, pasé la dieta aquí, y luego me fui a Cottolengo… me fui a Cottolengo y allá trabajaba, barría, trapeaba, a mí me gustaba mucho colaborar con lo que yo más pudiera, tendía camas y así (—) De ahí llegué hasta aquí y a mí me daba mucha rabia, a mí me daba mucha rabia (—) ¡una rabia! (—) yo no sabía yo decía que, yo le decía a la gente (—) yo quería ser más que los demás (—) no cierto? (ríe)
Me encanta lo (—) aquí para hablar (—)… (interrupción de una paciente en la habitación)
Entonces a mí me daba mucha rabia… entonces…
Entonces ahí fue, poco a poco, como que yo estaba cambiando de vida no… poco a poco (—) la hija mía la llevaron a Bienestar Familiar, pesó 3 Kg. y medio y la iba a buscar (—) dónde estará mi hija, no sé si la niña la adoptaron, no sé (—) ni la conozco ya (—)
Volví al Cottolengo (—) la medicina no me volvió a faltar (—) y haciendo terapia… lavaba los baños y así, los oficios domésticos…
Y ahora aquí estoy (—)… yo cuando aprendí a trabajar de niñera en Buenaventura me ganaba 50 pesos (ríe) y luego así, y a veces ganaba mejor que eso, 120, 150 (—) y ahora aquí ya me siento tranquila… (—)(—) entonces ahí, ahí…
(—) poquito no? (—)… Hasta que (—) me trajo aquí (—) un choque mental (—) me lo pusieron por aquí… y llegué aquí y aquí estoy (—) estoy mejor aquí que allá (—)… (ríe).
En este caso se propone la tarea con una solicitud informal, dado el marco de la relación previa con la paciente. A la pregunta “Marina, quiero que me cuentes una pequeña historia de tu vida”, la paciente construye una narración que da cuenta de un principio y un final, con un desarrollo de eventos que permiten ver la experiencia de su vida desde un antes y un después. Los contenidos son interpretados según criterios temporales (antes de aquí, al principio no me gustaba, etc), dándole unidad al relato.
A pesar de ello, es importante considerar la pérdida de información en el acto de habla, el déficit cognitivo asociado a la esquizofrenia tipo indiferenciado se destaca en la forma de las disartrias. Estas alteraciones motoras rompen la construcción del significado compartido y el oyente se ve en la tarea de llenar los vacíos (ella incluso lo nota y formula la pregunta: ¿entiende lo que quiero decir?). Gravemente, el relato de Marina sufre un proceso de deterioro progresivo; las dificultades articulatorias se hacen más y más frecuentes a medida que lo construye. En este mismo déficit se considera la interpretación desorganizada de la experiencia, que se manifiesta en la poca elaboración de escenarios y contexto de las situaciones, y constituye otro rasgo fundamental del relato de la paciente.
En Madre en el agua se presentan oscilaciones constantes en la operacionalización de la función de la referencia. De la nominalización y el mantenimiento se pasa a la ausencia de nominalización y el señalamiento inespecífico de los sujetos. La referencia se mantiene con dificultades por las rupturas de la disartria, y en algunos fragmentos la referencia a un solo personaje se mantiene y especifica (el zapatero, la niña), mientras los demás sujetos quedan inespecificados.
En cuanto a la organización temporal de este relato, las disartrias pueden ser señaladas como responsables de las constantes fracturas. En algunos fragmentos en que la referencia es mantenida en un mismo espacio, el relato consigue la secuencialidad. La organización temporal es secuencial mientras la referencia se mantenga para un solo personaje, incluso aunque los demás queden inespecificazos. De igual manera la organización temporal se indica por usos verbales mantenidos y escenarios continuados si se mantiene la referencia.
La función de agentividad se operacionaliza difícilmente entre las rupturas, pero en términos generales la acción de la narradora se entrama a través de la construcción de intenciones en situaciones de conflicto (a mí no me gustaba la hospitalización, entonces yo me volé…). También se destaca la posibilidad de la narradora de construir agentes de otros sujetos (la mujer del zapatero en conflicto con ella). En términos generales, no se construyen personajes que permanezcan, si el relato está fracturado. La adscripción se soporta únicamente en las operaciones de la referencia mantenida en los mismos escenarios y en una estructura temporal secuencial.
EL VENDEDOR DE DULCES

Bartolome Esteban Murillo, The Young Beggar, c. 1650
Mi mamá me dejó a mí desde muy niño a la edad de 6 meses, con mi papá. Él me crió, me dio cariño y amor y mi mamita me ayudó a criar, luego viví tres años… eeh… desde la edad de seis meses hasta los 13 años viví con mi mamita y mi papito… Luego después de los 13 años me fui a vivir a la casa de mi papá con mi madrastra y de ahí pues comencé a vivir solo y cuando él se separaba de una mujer y se conseguía otra, pues yo cambiaba de madrastra y vivíamos unos días solos y luego se conseguía otra mujer y entonces vivíamos con mi madrastra.
Entonces yo, ya llevaba como 5 años viviendo con mi mamá…
Mi mamá se llama Maria Fernanda D. M. y vive en Muzo con un esmeraldero, Muzo Boyacá. Ella… cuando yo tenia 10 años de edad ella vino por mí y mi hermano vive en Buga se llama Giovanni D. Él es negro, tiene 17 años de edad. Yo tengo 18 años de edad. Cuando yo nací ella en dieta, volvió y quedó embarazada y a los 9 meses nació Giovanni y por eso nos llevamos 9 meses después tuvo otro hijo ella de un señor, de un señor, un señor que era riquísimo, el tercer hijo. Y el tercer hijo pues ella se lo dejó al señor y el señor lo crió. Ella con el esmeraldero tiene más hijos, tiene como 5 hijos más. Y ella, pues… ella vino arrimó a la casa de mi hermano y mi hermano no se quiso ir con ella pa’ Muzo a mí me mandó a llamar con unas tías pero yo como estaba tan apegado a la familia que me había criado, estaba tan apegado a la familia que me había criado pues yo tampoco me fui para allá. Si ella me busca personalmente pues yo me voy pero como me mandó fue a llamar… yo tampoco me voy por allá porque estaba contento con la familia que me estaba… que me había criado, me había dado estudio y pues cuando era un niño no me trataban mal, pues y me querían mucho la familia…pues a veces tenía peleas con las tías pero mi mamita me defendía mucho por eso yo quería mucho a la viejita, yo no me quise ir con Fernanda.
Hace 8 años que no sabemos nada de ella, esa gente es rica y tiene mucho poder, que me ama y ellos me aman y me cuidan demasiado, porque luego cuando trabajaba en Tulúa con la… trabajaba en Tulúa lo primero que yo trabajé fue construcción y todas esas cosas y luego me fui para una finca y en esa finca… yo tengo un, un, un, un tío que mi mamita crió, un tío que mi mamita crió, un tío que mi mamita… pues un pelado que, que mi mamita… pues él trabaja y me decía Pablo usted que es bobo, trabaje de auxiliar para que gane buena plata, váyase pa’ Tulúa apenas cumpla los 16 años… me fui a vivir a la casa de él, luego me independicé me fui a vivir solo y comencé a trabajar, comencé a trabajar, y a trabajar y a trabajar, y comencé a comprar ropita y a comer bien y había un señor que me buscaba mucho en un carro, me buscaba, cómo le digo…
Eeh, yo en día es en el carretero y todas las mujeres me querían mucho y me compraban mucho y me miraban mucho y había UN señor mono él de barbita en el carro, él nunca se bajaba del carro, y me miraba mucho, me miraba mucho y me cuidaba y todo, porque yo tengo familiares, son familiares de personas yo creo, que tienen entre, que tienen surtidores en Tulúa, surtidores en Tulúa y venden de toda clase de dulcería. Una mona un domingo por la tarde eso fue pues yo sé que ella me quiere mucho como a un hijo y yo también la quiero a ella bastante.
Ella sabe que yo soy el hijo de Fernanda pero ella me quiere a mí bastante… y entonces ella pues… yo, yo me quedaba, cuando yo andaba él andaba en el carro, entonces pues claro, después me enfermé… me enfermé, no, yo estaba bien. Después me aburrí de vivir en Tulúa y me pasé para acá pa’ Buga me vine pa’ Buga y me quedé como 7 meses en la casa pues como a mí no me han obligado a trabajar si yo quiero trabajar no pero a mí me gusta mucho trabajar… decido no trabajar un mes, entonces yo decido no trabajar un mes, y no me dan ropa pero me dan la comida y a Tulúa ya no seguí vendiendo dulces en el Carretero, sino que… no seguí vendiendo dulces en el Carretero sino que ya por todo Tuluá en las discotecas, a vender dulces en las discotecas, a vender dulces en las discotecas, en las cantinas y yo veía que él me buscaba en ese carro cuando yo estaba me buscaba en ese carro y me miraba y le daba como tristeza y yo pues… Yo empecé a pensar que, pues él nunca se bajó del carro… de pronto él es el hijo de Fernanda y entonces yo le dije, pues yo le dije que necesitaba que me ayudara pero yo no quise como lo noté como muy serio entonces no quise hablar porque era una persona como muy arrogante, también, y eso que la que más me quiere es la mona, como un hijo, yo a ella también la quiero y pues yo he vivido solo un poco de tiempo, claro que ahorita la persona, y mi papá, papá, papá, la persona que me crió, él no me dejaba mover pa’ ninguna parte.
Cuando yo era un muchacho me dejaba ir pa’ donde yo quisiera y yo quería me largaba cogía mi maleta, y bueno hasta luego, ahorita si me vengo pa’cá cojo mi maleta y me coge con policía y me trae acá a la fuerza…
Hace días traté de irme… de la casa, tuve un alegato con él, él me tiró, yo le tiré y me cogió con la policía y me llevan al hospital y me inyectan y ahí mismo me traen pa’cá.
O sea que yo no me puedo mover pa’ ninguna parte… yo tengo más hermanos y soy un ser humano como cualquiera y tengo mis errores y mis problemas y y y pues, él ya no me deja mover pa’ ninguna parte, pa’ donde me muevo, pa’ donde me muevo…
Hace días tenia 80mil pesos, 100mil pesos y me iba a ir pa’ Bogotá a vivir solo, porque a mi ya, a mi, pues a mi ya no me gusta vivir con él, con mi papá, con él ya no me gusta vivir pues porque por pequeño que sea, me coge con la policía y me trae acá. Yo no quiero vivir más con él, yo quiero vivir solo, independiza’me y apenas tenga 200mil pesos me pongo a vender dulces en Tuluá, me independizo y me voy pa’ Tuluá. Ya no quiero seguir más con él. Eso es muy duro que una persona lo venga a desterrar aquí a uno… uno estando bien. Cómo cuando yo era niño yo alegaba con él y nunca me llegó a traer. De unos meses para acá, ya se tomó el mando y no le puedo alegar ninguna cosita porque, él tiene como 38 o 40 años, se llama Pablo A. M. L. Ante todo el mundo él es mi papá y yo sé que él es mi papá, pero él ya no me deja mover para ninguna parte. Si yo me voy, si yo, si… ¿estoy hablando muy duro? Es que yo tengo una vocezota… él ya no me deja mover pa’ ninguna parte y yo lo quiero mucho y todo y si no le hago caso me inyectan y me traen dormido para acá.
La primera vez que yo llegué yo no sé que inyección me aplicaron y eso me dolía todo por acá, era un dolor muy berraco, me dolía… y entonces pues yo quiero mucho a mi papá, lo respeto y quiero mucho a esa gente que me cuida, ésa gente quiere ayudarme, lo que ellos quieren es que yo cambie físicamente primero, y cuando yo cambio físicamente entonces me buscan, cuando yo cambio físicamente entonces… me buscan. Es que esa gente tiene mucha plata, entonces yo puedo cambiar físicamente y voy a cambiar físicamente y voy a ser la persona que yo era, pues pinta, era una persona que me respetaban, me querían y yo no quiero caer más acá que sea la última vez, yo quiero tomarme la droga con juicio, si esa gente me quita la droga pues bien, que me pongan otro tratamiento… y pues bien que me pongan otro tratamiento Y ellos quieren que yo cambie… yo puedo cambiar físicamente, yo puedo cambiar físicamente, es que a mí me da pena decirlo… claaaro, yo puedo cambiar físicamente, yo he cambiado… Y ESA gente me quiere a mí mucho pero cuando vuelvo a Buga vuelvo y me acabo físicamente… apáguela un momentico yo le digo por qué me acabo físicamente…
Este es relato autobiográfico de Pablo, paciente con diagnóstico de esquizofrenia tipo paranoide. Pablo A. tiene 18 de edad, y en el momento de presentación de la tarea pasa por su segunda hospitalización (sala de agudos). Es un jovencito no muy alto, de tez blanca, vestido con ropas del servicio, que siempre habla aceleradamente.
Con Pablo se realizaron intervenciones en consulta individual en su primera hospitalización, en las que se pudo instaurar un espacio terapéutico desde el cual se presenta la tarea.
El diagnóstico de esquizofrenia paranoide predetermina la observación de los síntomas en el contenido del pensamiento (lenguaje) del paciente, siendo considerado el delirio en este tipo de presentación como una construcción sistemática y organizada. Aunque Pablo da cuenta de algunas ideas delirantes, su relato efectivamente responde a la consigna cuéntame una pequeña historia de tu vida. La narración puede dividirse en infancia, niñez, adolescencia: la organización temporal permite esta tematización.
Las ideas delirantes son articuladas a la aparición de intenciones: existen personajes (hombre del carro, la mona) que el narrador sitúa como protectores o personajes interesados en él. Esto articulado a las transformaciones físicas de las que da cuenta, propone una relación entre diferentes aspectos de la experiencia (intencionales) que dan cuenta de un proceso interpretativo. Pablo logra dar cuenta de su proceso de construcción de significado de forma tal que el oyente se siente involucrado en la narración, ello finalmente se hace manifiesto cuando el paciente desea ser escuchado sin la grabadora.
Sobre la operacionalización de la referencia, el relato presenta una ausencia de nominalización, dado que los sujetos no se nombran, sino que se señalan inespecíficamente. Esta ausencia de nominalización se operacionaliza de forma generalizada. Se sirve del uso de artículos (demostrativos, indeterminados), pronombres (personales) o cuantificadores que designan categorías o grupos de sujetos (todas las mujeres, esa gente, un tío).
Es interesante señalar que en ocasiones la ausencia de nombres es completada por la descripción: el relato se apoya en la enunciación de cualidades físicas, sentimientos o posesiones.
La organización temporal de Vendedor de dulces presenta constantes rupturas indicadas por dos tipos de saltos en los tiempos verbales.
• Rupturas en el orden secuencial, cuando aparece un nuevo personaje, cambia el tiempo verbal: ruptura temporal por cambio de referencia (cuando hay pocos personajes la estructura temporal permanece estable por más tiempo)
• Saltos en los tiempos verbales por la inestabilidad del lugar del narrador en el tiempo: ruptura temporal por cambio de escenario.
En cuanto a la agentividad, la adscripción tiene la forma pasiva y activa para el narrador. Así, la dinámica de las dos tendencias de la acción lo sitúa como el personaje central, que entra en relación de conflicto con otros personajes como el padre o la madre. La condición de esta operacionalización es que el paciente logre mantener el sujeto en un escenario (él nunca se bajó del carro… de pronto él es el hijo de Fernanda y entonces yo le dije, pues yo le dije que necesitaba que me ayudara pero yo no quise como lo noté muy serio entonces no quise hablar porque era una persona como muy arrogante).
II. Consideraciones generales
Los narradores tienen ciertas pautas generales de construcción de relatos. En términos generales, los pacientes relatan historias discontinuas, incluyendo una enorme cantidad de objetos y personas. Se diría que los escenarios en que se desarrolla la acción están llenos de actores sin diálogo, y que aparece y desaparecen si dejar rastro. Los escenarios narrativos que estos pacientes ilustran son poco o nada elaborados, los sujetos no logran permanecer en el espacio ni en el tiempo, y constantemente van de un lugar a otro en el relato sin que el oyente tenga claro el cuándo o el por qué del repentino cambio.
Es importante notar la diferencia que se observa en el relato, cuando el narrador se enfrenta a la tarea de construir su historia ante un oyente que le conoce. Esto fe posible gracias a la colaboración de pacientes con quienes previamente se había construido una relación terapéutica al interior de la institución. Estos pacientes lograron dividir la narración, es decir, lograron configurar una estructura de inicio-intermedio-final, y construyeron un relato en etapas o temas (como la infancia, la adolescencia y la edad adulta o la narración de abandonos, maternidad, hospitalizaciones). Sus relatos dan cuenta de una continuidad de la experiencia, a pesar de conservar las fracturas, los cambios temporales y espaciales súbitos y la prolijidad de sujetos inespecíficos.
En este capitulo se realiza la discusión de las observaciones generales obtenidas para cada categoría de análisis. La discusión de construye sobre la relación de las observaciones con los mecanismos propuestos por el modelo de Gallagher y a la descripción de las pautas generales de construcción de relatos en estos pacientes.
SUJETOS ANÓNIMOS
Un aspecto esencial de la estructura del relato autobiográfico es la capacidad de hacer referencia a sí mismo como narrador, o auto-referencia. El modelo revisado señala al mecanismo asociado al self-mínimo (la mínima diferenciación de sí) como responsable de su adecuada operacionalización. En los relatos analizados, tal mecanismo se manifiesta en el uso del pronombre personal Yo. El pronombre designa siempre a los narradores en estos relatos y en este sentido el principio de inmunidad a través de la falsa identificación se mantiene para el relato esquizofrénico, tal y como lo propone Gallagher.
Es de anotar que no se encontraron ejemplos de los síntomas del delirio de control o de influencia (citados por Gallagher en su argumentación) que dieran cuenta de los relatos de la distorsión del Self en la esquizofrenia. Sin embargo, aunque la designación del narrador con el pronombre no falla, si falla su contraparte en términos temporales, o la auto-temporalización (ubicación temporal del narrador). Es decir, la función de auto-referencia si designa, pero no ubica al narrador en el relato. Las observaciones constatan la idea de Gallagher sobre los relatos de los pacientes esquizofrénicos que evidencian alteraciones en el sentido de agencia más que en el sentido de propiedad, y no en ambos. Los narradores si logran designarse a sí mismos como sujetos diferentes de otro, pero no logran establecer si lugar en el relato.

Edgar Degas, The Star or Dancer on Stage, 1878
Si el narrador quiere ubicarse en el relato, debe disponer de la información necesaria para construir un escenario, en el cual situarse. Gallagher sostiene que el papel de la memoria episódica es introducir la información contextual que permite al narrador la auto-temporalización. En los relatos se presentan evidencias de alteraciones indicadas por los súbitos cambios de escenario. Los relatos autobiográficos de estos pacientes carecen de una descripción que contextualice el espacio físico en que se encuentran ubicados los narradores. Estas dificultades también se asocian a las alteraciones de desorganización del pensamiento en las presentaciones clínicas de los subtipos de esquizofrenia.
En los casos de tipo indiferenciado, se observó que en La Reina Isabel, la paciente no logró situarse en ningún escenario porque no pudo centrarse un evento de su experiencia ni desarrollar un contexto de acuerdo con ese evento. En Madre en el agua, el relato sí permite establecer eventos que la paciente desarrolla, pero los contextos no son elaborados, simplemente se quedan en la enunciación.
En el caso del paciente con trastorno psicoafectivo, la situación de pérdida de escenarios narrativos hizo imposible la construcción de contextos correspondientes a ellos. Andrés ajedrez no desarrolló episodios de la vida del narrador, sino que construyó secuencias atemporales en las que era imposible proponer un espacio para desarrollar eventos, porque no había experiencias identificadas o continuadas en una secuencia de orden temporal.
En el relato Vendedor de dulces, sí hay una división de etapas y momentos que dieron unidad a la historia contada por el narrador. Sin embargo, la narración no elabora una impresión en el oyente del lugar donde el evento ocurre, simplemente se hace alusión a un nombre de pueblo, en el que el paciente se ubica.
En términos de la referencia a otros, todos los relatos oscilan en la operacionalización de esta función. Existe en general, una ausencia de nominalización y una inespecificidad/generalidad que se opera a distintos niveles.
Hasta el momento se ha considerado al relato como producto de un funcionamiento articulado de mecanismos. Esta visión cognitivo-funcionalista resulta ser apoyada y validada en el modelo por los hallazgos neurológicos. Sin embargo, la perspectiva narrativa permite ver que el análisis de la estructura y contenido de un relato da cuenta de procesos de una forma que llena de sentido esta red de funciones. Es necesario entonces pensar en estas miradas más comprensivas de la generación de hechos lingüísticos, y contemplar desde ahí aspectos psicológicos como la relación intersubjetiva que hace del lenguaje una herramienta de comunicación. El relato considerado como un acto de habla, es un hecho lingüístico con un componente claramente pragmático que se apoya en la relación existente entre el hablante y el oyente. El contenido de un relato no depende tan solo de las capacidades cognitivas del narrador.
Para el caso del presente trabajo, esa relación hablante-oyente adquiere en dos casos un tono impersonal, es decir, quien escucha es alguien totalmente desconocido para el paciente. Entre sujetos normales desconocidos, la conversación debe precisar y mantener la referencia a los personajes, para darle al interlocutor la información que le permita comprender el sentido del mensaje. En los relatos de estos pacientes, fuese el oyente desconocido o no, la operacionalización de la referencia nunca cumple con el objetivo de identificar a los sujetos permanentemente. El narrador no precisa el qué del relato de forma continua, y por el contrario introduce personajes en un escenario a veces abarrotado, a veces a modo de imágenes en un video, a modo de flash. Para todos los relatos, la función comunicativa de la referencia oscila entre la designación y el señalamiento inespecífico de los sujetos de oración.
Para el caso de uno de los pacientes que son previamente conocidos por el oyente, esta operación se sustituye en el relato por la enunciación de cualidades de los sujetos, logrando mantener si bien no precisar la referencia (Vendedor de dulces). Esta observación da cuenta de la existencia de otros recursos narrativos como la descripción que permiten completar la alusión al qué de la trama, en los casos en que la relación hablante-oyente ha sido elaborada con los pacientes al interior de la institución.
ACTOS CORTADOS
En terminos generales, es posible decir que los relatos producidos por estos pacientes tienen una estructura temporal fragmentada. Todos los pacientes evidenciaron dificultades para darle alternativamente al relato un orden secuencial interno y una perspectiva externa de sí mismos con respecto al tiempo.
En el caso del orden secuencial, las secuencias fueron rotas en su mayoría por lo que se indica en el análisis puntual con el nombre de rupturas temporales por aparición. Estas operacionalizaciones se indicaron en el momento en que nuevos personajes surgieron en el orden de ideas, acompañados por un súbito cambio en el uso de los tiempos verbales. Los relatos entonces pasaban de un tiempo verbal a otro, rompiendo la secuencialidad sin que el narrador precisara el origen o las causas del cambio temporal. En otras palabras, el ordenamiento de los eventos de forma secuencial estuvo generalmente fracturado por los cambios en la conjugación.
En algunos relatos se observó el mismo fenómeno en positivo, es decir, a menos sujetos, más secuencialidad. Aunque siempre primaron las rupturas, en ciertos apartes de los relatos existe una estabilidad de la secuencia cuando la referencia se disminuye y mantiene. De acuerdo con Gallagher, el mecanismo de la auto-temporalización es el primer paso a seguir en la constitución de la estructura temporal de un relato autobiográfico. Este mecanismo reúne dos aspectos de la estructura del relato: la referencia a sí mismo y la ubicación temporal de perspectiva del narrador. El segundo aspecto es tan importante como el primero, pues aunque la secuencia esté ordenada y mantenida, no existe estructura si el narrador no mantiene una posición temporal/espacial de referencia. Así, la referencia mantenida y su influencia en la secuenciación del relato son constatadas en el análisis narrativo de los relatos esquizofrénicos, y es indicada por las numerosas rupturas temporales por inestabilidad en la auto-temporalización, donde el narrador salta de un escenario a otro en el mismo orden de ideas.

Jean-Antoine Watteau, Gersaint’s Shopsign, 1721
En síntesis, la estructura diacrónica del relato está fragmentada tanto en su orden interno como en su perspectiva externa. Estos relatos son caracterizados por secuencias verbales rotas y por cambios súbitos de los tiempos en que se ubica el narrador.
Estas observaciones, bajo la lupa del modelo de Gallagher, se relacionan con las funciones que controlan la entrada de información no relevante al discurso, éstas son, memoria de trabajo, memoria episódica y metacognición reflexiva. El análisis permite inferir que en estos relatos, la información es incluida o insertada en el acto de habla tal y como aparece en la “corriente de conciencia” (James). Esto es, mientras el sujeto normal inhibe y restringe ciertas representaciones o ideas (que va apareciendo conforme produce el relato) en aras de conservar la coherencia, el paciente esquizofrénico no dispone de los mecanismos para hacer estas inhibiciones o restricciones que le permiten enfocar el curso del relato alrededor de un tema o idea general. Se habla pues, de un arrastre de ideas en el habla, conforme se va produciendo el relato, que altera la estructura temporal.
Existen casos de formas de organización en los que aparece una cadena de sustantivos, puestos en una secuencia fonológica (Andrés-ajedrez; han-ampliedad-piedad) que construyen secuencias atemporales, con frases pegadas una a otra como una colcha de retazos. En este caso particular es posible hablar de una forma de secuenciación que no se relaciona con el tiempo. No se trata de narrar episodios, este es realmente un monólogo. En este caso el discurso del paciente esquizofrénico es hábilmente hermético, y garantiza un contacto mínimo con quien lo escucha. En el caso de estas secuencias atemporales se pueden observar pautas similares a las presentadas en el discurso de los pacientes afásicos. En los pacientes con dificultades en el lenguaje, las parafasias son producciones en las que el sujeto asocia semántica o fonológicamente las palabras (sofá-mueble, tapa-capa).
En cuanto a la memoria de trabajo, se presentan en tres de los relatos, unas secuencias en las que las rupturas de la secuenciación que aparecen en el análisis como perseveraciones o como fenómeno de “disco rayado”. En estos momentos la activación de ciertos elementos de lenguaje es reverberante, quedándose el paciente pegado a una articulación lingüística, fenómeno que también se presenta en el paciente con lesión de lóbulo frontal. Otra forma de ver este fenómeno es como frase inserta en el relato. Existen varios ejemplos de reiteraciones necesarias que rompen momentáneamente el orden de ideas (Ver vendedor de dulces).
Mas allá de los mecanismos de memoria implicados en la construcción del relato, es pertinente recordar de nuevo que el hecho del lenguaje es un acto esencialmente comunicativo. Es interesante ver en uno de los relatos la implicación de la relación entre narrador-oyente para la construcción del relato, ahora en términos temporales. En el caso de Pablo, quien logra dividir su historia en tres etapas, existe una relación previa de carácter terapéutico. Con el paciente se estableció un espacio que probablemente permitió la estructuración de una pauta de relación diferente a través del discurso, en la consulta individual. El relato recogido en este contexto debe ser distinto al que podría escuchar un oyente desconocido. Otro hecho que apoya esta hipótesis es que los pacientes esquizofrénicos conocidos por el oyente logran construir una estructura secuencial momentánea al hablar de personajes importantes en sus vidas, o de situaciones coyunturales en su historia personal. En estos párrafos se desarrollan episodios en un tiempo verbal estable, pues los eventos narrados giran en torno a un mismo personaje: el narrador.
ESCENARIOS FUGACES
En el análisis de los cuatro relatos se encuentra una estructura narrativa que dificulta el proceso de la construcción de agente o personajes. Esto es, en los momentos en que la referencia no se precisa ni se mantiene y la organización temporal se fractura, la agentividad carece de un soporte estructural. En este sentido, la adscripción se hace imposible por las constantes rupturas de la trama y la inespecificidad de la referencia. La agentividad se basa en las operaciones de la organización temporal y de la referencia que construyen los escenarios narrativos. Este aspecto de la estructura del relato articula la acción con los sujetos, aunando tiempo, sujetos y actividad en una sola operación, la atribución de la acción. Sin la elaboración de tiempos y sujetos continuos, el escenario narrativo en que los eventos se construyen no tiene posibilidad de mantenerse, esta es la escena en la que tiene lugar la experiencia narrativa; sin ella los eventos no tienen un espacio en el cual desarrollarse.
En definitiva, la construcción del relato en la organización de una serie de eventos alrededor de la experiencia y la metacognición reflexiva es señalada en el modelo de Gallagher como la función responsable de determinar qué experiencias son relevantes a ella en el transcurrir de la narración. Así, la experiencia del paciente esquizofrénico está consignada en la estructura del relato gracias a la acción de este mecanismo de la auto-monitorización. Esto es, la presencia del narrador como personaje del relato autobiográfico se apoya en el seguimiento que puede hacer de su propia experiencia. Frith y Sass sostienen que el proceso de auto-monitorización en estos pacientes está alterado dado que existen síntomas como las alucinaciones y los delirios, que alteran la vivencia de lo real y lo ficticio.
En los relatos también se observa, aunque en un grado mucho menor, que en los momentos en los que la estructura temporal y la referencia operan de forma estable, los pacientes logran construir situaciones de conflicto, generando intencionalidad a través de la puesta en escena de acciones dirigidas a propósitos específicos.

Honore Daumier, At the Theater (The Melodrama), c. 1860-64
En Madre en el agua y Vendedor de dulces, se observan contextos o escenarios elaborados en los que el personaje central (narrador) se mantiene como el eje temático de la historia construyéndose como agente en conflicto. Es probable que la relación institucional previa con estos mismos pacientes haya posibilitado la organización del acto de habla de forma tal que facilita la construcción de sentido.