Cama fría
May 20, 2007Tenía como 8 años. Recuerdo llegar a Bogotá por primera vez en un viaje en carro, con papá. Llegué a la casa de los abuelos en el barrio Quiroga, al sur. La casa tenía piso de madera, dos niveles… era muy húmeda, pero cálida a la vez. Metí las manos debajo de una cobija bogotana por primera vez y abrí los ojos como sapo en tomatera, una cosa increíblemente gélida. Logré unir fuerzas para satisfacer mi curiosidad de sentir ese frío de paleta que es meter el cuerpo debajo de esas pesadas mantas. Y fué como entrar a una piscina oscura. Muy repetible.
Y hoy voy a dormir en una de estas camas capitalinas, junto al hombre que abrazo en las noches. Y es perfecto para recordar unas de mis saudades favoritas.
