Máquina de escribir
October 30, 2006Llegamos temprano al centro. Nos bajamos del carro y salimos cogidas de la mano, mamá, mi hermana y yo.
Nos metemos al ascensor. Yo busco el botón con el nudo en el estómago. Quiero presionarlo pero está muy alto. 24, por favor. Vértigo raro de ascensor, con toda la ansiedad de mis 7 años, y toda la ausencia de papá en mi mente. Deseante.
Salimos saltando, mi hermana y yo. Mamá iba preocupada: “No hagan mucha bulla, vayan a escribir un cuento”.
Nerda desde los 6 años, cuando descubrí que además de ojos con gafas sabía leer más temprano que mis amiguitas, me senté frente al aparato. Esas teclas duras, altas, eran trampas para mis dedos que se quedaban atascados entre ellas de tanto presionarlas con afán. Quería escribir tan rápido como mamá. Quería inventarme las historias que a mí me habría gustado escucharle. Salían de a página cada una. Luego, había que ilustrarla. Pero eso es otro cuento.
Luego me quedaba un buen rato mirando por la ventana.
Me gustaba ver a la gente moviendose en el centro, y escogía por lo general alguien con ropa de color rojo. Era su color favorito.
Bloguear es eso mismo. Es pararse en la ventana y mirar a la gente. Luego te sientas a la máquina y empiezas a escribir.
