Capítulo II. LA APROXIMACIÓN NARRATIVA.
January 11, 2006…And when she sang, the sea
Whatever self it had, became the self
That was her song, for she was the maker. Then we,
As we beheld her striding there alone,
knew that there never was a world for her
except the one she sang, and singing, made.
Wallace Stevens, The Idea of Order at Key West.
La conceptualización narrativa se aproxima al sujeto como un constructor de sentido, que elabora la experiencia a través del uso del lenguaje en actos de habla. En este sentido, el sujeto (en este caso el sujeto psicótico) que ella rescata es un narrador, cuya subjetividad se manifiesta y construye en un relato autobiográfico. Esta mirada al paciente con diagnóstico de esquizofrenia se apoya en dos conceptos fundamentales: la modalidad narrativa de pensamiento propuesta por Jerome Bruner (1986) y la identidad narrativa desarrollada por Paul Ricoeur (1996). Cada concepto nace de una visión académica distinta siendo el primero un concepto postulado dentro de la psicología, y el segundo un resultado de consideraciones desde la filosofía del lenguaje.
La narrativa hace referencia a un punto de vista, es una perspectiva al interior de la psicología que se interesa en la “naturaleza histórica de la conducta humana” (Sarbin, 1986, citado por Hevern, V.W., 1995). Theodore Harbin hace referencia a cómo los sujetos elaboran la experiencia a través de la construcción de historias y se relacionan entre sí escuchando las de otros. Los psicólogos que estudian lo narrativo trabajan con la idea de que la actividad y la experiencia humana están llenas de significado y que los relatos además de ser argumentos lógicos o formulaciones reguladas, son el vehículo por medio del cual los significados pueden ser comunicados y compartidos.

Dale Chihuly, Sea Form, 1983, Glass
Los investigadores de las ciencias humanas se han acercado a la noción de lo narrativo con una intensidad creciente. Particularmente, los psicólogos que han explorado esta cuestión en otros campos del conocimiento para prestar o adaptar conceptos y nociones sobre lo narrativo, están en deuda con teóricos literarios, filósofos, historiadores, teólogos, antropólogos, sociólogos, académicos de género, y etnógrafos, quienes han aportado elementos sobre los cuales la perspectiva narrativa se sigue construyendo en psicología.
A continuación se presentan los conceptos centrales de la elaboración teórica de Bruner (1986) sobre la modalidad narrativa de pensamiento como el pilar fundamental de construcción de sentido en el relato. Posteriormente se presenta la conceptualización de Ricoeur (1996) sobre la configuración de la experiencia que genera la identidad narrativa.
I. El sentido de la experiencia
En la década de los 70 se empieza a considerar el estudio de la cultura y las implicaciones de lo cultural en la investigación cognitiva. En esta época, el trabajo sobre los procesos del conocimiento se centra en las pautas culturales y particularmente en los usos del lenguaje. Este momento de cambio en el desarrollo de las estrategias de investigación cognitiva es recordado por uno de los investigadores más involucrados en la perspectiva narrativa:
La revolución cognitiva en la psicología, entre otras cosas, había permitido examinar como se organizaban el pensamiento y la experiencia en sus miles de formas. Y puesto que el lenguaje es nuestra herramienta más poderosa para organizar la experiencia y en realidad, para construir “realidades”, comenzó a realizarse un examen más estricto de los productos del lenguaje en toda su rica variedad. A mediados de la década de los 70 las ciencias sociales se habían alejado de su postura positivista tradicional, acercándose a una postura más interpretativa: el significado pasó a ser el elemento central, cómo se interpretaba la palabra, qué códigos regulaban el significado, en qué sentido la cultura misma podía tratarse como un texto que los participantes leen para su propia orientación. … Estos avances dieron origen a nuevas perspectivas psicológicas. Pues tal vez sea cierto, como gustan decir de sí mismos los especialistas académicos en psicología, que la psicología tiene el coraje de asumir las convicciones ajenas. (Bruner, 1986, pág. 20)
Unos años más tarde, Bruner propone un modelo cognitivo que se adentra en las posibilidades de creación de realidades psicológicas a partir del uso del lenguaje. Interesado siempre en las diferencias culturales y el estudio de la mente teniendo en cuenta el ambiente en que ésta se inscribe, el estadounidense plantea de esta forma el análisis de lo subjetivo, por medio del estudio de los usos del lenguaje considerándolos como actos de significado (obras literarias, relatos, etc.)
Bruner sostiene que hay dos maneras de construir “realidades” y que cada una de ellas determina una forma de pensamiento. La primera estrategia es la que utilizan los matemáticos, los científicos y los lógicos. Esta forma de pensamiento busca la verdad, se ocupa de las generalidades, e intenta encontrar leyes que expliquen los fenómenos. Se llama modalidad paradigmática de pensamiento. Parafraseando a Bruner, “esta modalidad lógico-científica se ocupa de causas generales y de su determinación, y emplea procedimientos para asegurar referencias verificable y para verificar la verdad empírica. Su ámbito está definido no sólo por entidades observables, sino también por la serie de mundos posibles que pueden generarse lógicamente y verificarse frente a las entidades observables”. (Bruner, 1986, pág. 24).
La modalidad que usan el poeta, el escritor y el dramaturgo es resultado de otra forma de construir la realidad. Una que no busca la verdad o la respuesta correcta sino “la semejanza con la vida” y se ocupa de las intencionalidades. Esta es la modalidad narrativa de pensamiento.
La aplicación imaginativa de ambas formas de pensamiento establece las más claras diferencias entre las modalidades. El uso intuitivo de la modalidad paradigmática es la capacidad de ver conexiones posibles en un sistema conceptual antes de poder llevarlas a la prueba formal. Así, por ejemplo, surge “una teoría sólida, un análisis preciso, una prueba lógica, argumentaciones firmes (o) descubrimientos empíricos guiados por una hipótesis razonada” (Bruner, 1986, pág. 25). Los resultados exitosos de esta misma operación en la forma narrativa de pensamiento son relatos de calidad, obras dramáticas de interés para el espectador, crónicas históricas creíbles (no tendrán que ser verdaderas pero sí verosímiles). La aplicación imaginativa de la modalidad narrativa se ocupa de las intenciones y acciones humanas y de las vicisitudes y consecuencias que marcan su transcurso, situando la experiencia en el espacio y en el tiempo.
La dimensión temporal de la condición humana es una variable muy interesante, resaltada por Ricoeur, como una preocupación fundamental de la narrativa (Time and Narrative, 1982, citado por Bruner). La conducta y la conciencia humanas siempre se desarrollan en el tiempo y son aspectos que en una construcción narrativa deben estar presentes, bajo la forma de la acción y la intención. Más adelante se profundizará esta idea estructural fundamental, a propósito de la identidad.
A continuación se ilustran las principales características de las dos modalidades de pensamiento, puestas en oposición:
Narrativa vs. Paradigmática
Individualidad Generalidad
Intencionalidad Causalidad
Verosimilitud Verdad
Construcción Formulación
Tabla 7. Características de las modalidades de pensamiento (Bruner, 1986)
La modalidad narrativa garantiza la construcción de sentido de la experiencia, recreándola a partir de representaciones significativas de la realidad. Estas representaciones no tienen un valor de verdad que las defina, sino un valor de “semejanza” con la experiencia. En este sentido, el pensamiento narrativo reconstruye realidades psicológicas en términos de escenarios, personajes, contextos, intencionalidades, conflictos, etc. El establecimiento de estas realidades en la forma de mundos narrativos es una parte del establecimiento del sentido de la experiencia.

Dale Chihuly, Sea Form, 1983(2), Glass
La construcción de sentido no se logra sólo en la creación de mundos narrativos, sino también en la comunicación con otros narradores. La modalidad narrativa de pensamiento es una herramienta utilizada por el sujeto que necesita comunicarse con sus pares. De hecho, la definición de un acto de habla está determinada por el contexto de una relación hablante-oyente. Existen estrategias culturales o pautas de relación que determinan el desarrollo del proceso de la comunicación de significados, y es en estas pautas en las que se considera pueden existir dificultades relacionales que alteran el acto mismo de la comunicación. Si bien el hablante está sujeto a sus posibilidades de procesamiento de información, también lo está al contexto en que produce el acto del lenguaje. En el caso del narrador es necesario indagar qué formas de relación (pautas de interacción) contextualizan el acto comunicativo que moviliza la construcción de los usos del lenguaje. Si la institución brinda herramientas que permitan al paciente con diagnóstico de esquizofrenia el establecimiento de una relación que facilite el acto comunicativo, el acto de habla de ese paciente deberá lograr el objetivo primordial de construir significados compartidos.
II. La configuración de la subjetividad
Paul Ricoeur (1996) concibe el uso del lenguaje como escenario constitutivo de la subjetividad. Esta tesis compleja sobre la naturaleza de la identidad, está implícita en a configuración de la experiencia en modelos narrativos. La siguiente lectura de Ricoeur (1996) presenta el desarrollo de la tesis en dos conceptualizaciones paralelas que surgen de la filosofía del lenguaje: identidad narrativa y configuración. A continuación se desarrolla la articulación de este paralelismo en la descripción exhaustiva del proceso de configuración del relato que dinamiza la identidad narrativa.
Existen definiciones de relato que hacen énfasis en sus requerimientos formales: “El relato es la representación de al menos dos eventos o situaciones (que pueden ser reales o ficticias) en una secuencia temporal, sin que ninguno de ellos presuponga al otro”. (Prince, 1982, citado por Botella y otros, 1997).
Otras definiciones destacan sus funciones psicológicas: “El relato es una forma de organizar episodios, acciones y consideraciones sobre las acciones; es una ejecución que une hechos mundanos y creaciones fantásticas, en la que el tiempo y el espacio se incorporan. El relato permite la inclusión de las intenciones de los actores, asi como las causas de lo que ocurre” (Harbin, 1986, citado por Botella y otros).
Desde la perspectiva del pensamiento narrativo es posible considerar que la creación de un relato es la re-creación de un mundo simbólico, en el que se representa una realidad subjetiva. La cuestión planteada en otros términos es que la articulación de la acción y el sujeto en una trama, escenifica la experiencia en el relato, lo que deja como resultado una mimesis (representación) de la vida misma. Así, se define a los relatos como “modelos para volver a describir el mundo” (Ricoeur, 1982, citado por Gallagher, 2001).
El relato autobiográfico no es la excepción a estas definiciones formales, aunque difiera de los otros relatos en la particularidad de su contenido. Botella y otros (1997), citando a Gergen, 1994:
… el término relato autobiográfico se referirá al recuento personal de las relaciones entre los eventos relevantes para el narrador a lo largo del tiempo. En el desarrollo de un relato autobiográfico establecemos conexiones coherentes entre eventos de la vida. Antes que ver nuestra vida simplemente como “una cosa después de la otra”, formulamos una historia en la que los eventos son relatados sistemáticamente, hechos inteligibles por su lugar en una secuencia…
Desde el sentido común se considera la vida humana como algo más “legible” cuando es interpretada en función de las historias que la gente cuenta a propósito de ella. Dichas historias de vida se hacen más inteligibles cuando se les aplican modelos narrativos (tramas) tomados de la historia propiamente dicha, o de la ficción (drama, novela). Esta inteligibilidad de la vida es el significado, que surge de la interpretación de la propia experiencia. En otros términos, la construcción de una comprensión de la experiencia personal tiene forma narrativa. Puede decirse esto de nuevo: la interpretación de sí mismo como personaje central de un relato es la interpretación de sí mismo.
Parece plausible pensar entonces que la comprensión de sí es una interpretación y que la interpretación de sí, a su vez, encuentra en la narración, entre otros signos y símbolos, una mediación privilegiada. Lo que falta en esta aprehensión intuitiva del problema de la identidad narrativa es una clara comprensión de lo que está en juego en la cuestión misma de la identidad personal.
Ricoeur plantea dos usos del concepto de identidad, que se definen en la dimensión temporal en la vida humana. En la conceptualización bidimensional de la identidad, las definiciones de estos dos usos están confrontadas entre sí, en términos de su permanencia en el tiempo. Por un lado, se considera la identidad como mismidad (latín: idem; inglés: sameness) y por otro, la identidad como ipseidad (latín: ipse; inglés: selfhood).
La mismidad fundamenta la identidad de una cosa concebida como una continuidad ininterrumpida, que permite decir, por ejemplo, que un árbol es el mismo desde la bellota hasta el árbol totalmente desarrollado. La idea de estructura, opuesta a la de acontecimiento, responde a este criterio de la identidad. La ipseidad se refiere a otra forma de permanencia en el tiempo que no es relativa a la sustancia, sino a algo mucho más abstracto. La ipseidad fundamenta, ya no la cuestión de qué, sino del quién. La identidad se constituye en un conjunto de disposiciones del ser, que regulan su acción. Estas disposiciones son reguladas por los valores, normas, ideales, modelos, héroes. Por ejemplo, si un comportamiento no corresponde a este género de disposiciones se dice que un individuo ya no es el mismo, o incluso que está fuera de sí. Esta forma de identidad, que constituye el carácter, tiene una condición de variación en el tiempo, determinada por el proceso de identificaciones sucesivas. La entrada de lo otro en lo mismo por el proceso de identificación en…, la alteridad, constituye un sí (self) que se inscribe en una serie específica de disposiciones del ser (Ricoeur, 1996).

Dale Chihuly, Sea Form, 1984, Glass
La hipótesis que se formula a continuación, es que si la representación de la propia experiencia tiene forma narrativa, entonces debe ser narrativa la representación del sí. Para explicar esta idea fundamental es necesario acudir a la descripción de la estructura del relato y ver qué aspectos comparte con la estructura de la identidad personal, para luego articular estas observaciones en el concepto de la identidad narrativa.
Cada narración es un todo conexo que tiene unidad y continuidad pero a la vez, está determinada por súbitos cambios, es móvil y en su movimiento prima la novedad o lo no dicho antes. Luego del ejercicio de la narración, el relato es finalmente una dialéctica o una síntesis de opuestos. A continuación se intentará describir este proceso desde la psicología constructivista y la psicología del lenguaje.
Desde la psicología constructivista interesada en el estudio de lo narrativo, se tiene como referencia el concepto de la narratización, propuesto en el trabajo de Botella y otros, 1997. Estos analistas del relato autobiográfico de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, afirman que la narratización es un doble proceso. Primero, la tarea de narrar implica la construcción e interconexión de eventos de forma tal que resulten estructuras significativas. Este entramamiento es la fase del proceso que realiza el ordenamiento de los eventos a lo largo de una estructura secuencial y extendida (temporal, espacial o causal). Esta fase de la continuidad al relato. Además de estar secuenciados, los eventos deben estructurarse en relación con algunos pensamientos generales o temas guía. Así, en el proceso de la tematización, los eventos son entramados de acuerdo con su relevancia a los temas que guían el relato. Un relato es coherente siempre y cuando los eventos en él entramados sean relevantes a su tema. Es de esperar que se presenten giros temáticos que siempre deben acompañarse de un cambio en los eventos escogidos como relevantes y entramados como tales, para no romper la unidad del relato.
Regresando a la cuestión de la identidad y su relación con el relato, recordemos que la identidad personal tiene dos aspectos temporales: uno de continuidad y otro de alteridad. Esta doble condición se presenta también en el relato, en las formas de la concordancia y la discordancia, respectivamente. La trama de un relato es su estructura continua, mientras que los trastocamientos son giros que determinan el curso de los acontecimientos.
Puesto en palabras de Ricoeur, “la composición de una narrativa implica un concepto de dinámica que compagina las categorías de la identidad y la diversidad”. Ricoeur afirma que la dinámica que rige las caras ipse-idem de la identidad personal y la concordancia-discordancia del relato es la misma. La idea es que la identidad narrativa no es otra cosa que un concepto de identidad dinámica que está imbricado en la estructura narrativa.
“El ipse (sí) puede “repetir”, en la toma de conciencia de él mismo, lo que sucede a todo personaje de relato; o sea que puede entrar en la concordancia discordante característica de toda estructura dramática; en este recorrido narrativo la identidad del ipse no se reduce a la identidad sustancial del idem, en el sentido de lo no cambiante, sino que se conjuga con una mutabilidad fundamental. La función mediadora del relato consiste en sostener unidos la mutabilidad anecdótica de una vida con la configuración de una historia” (Ricoeur, 1985, en el coloquio de Royaumont)
Una construcción narrativa “media entre la diversidad de acontecimientos y la unidad temporal de la historia, entre los componentes inconexos de la acción, intenciones, causas y causalidades, y el encadenamiento de la historia” (Ricoeur, 1996, pág. 140). Finalmente, es un arte de composición el responsable de sintetizar la concordancia y la discordancia en una narración. Este arte es definido por Ricoeur, como la configuración.
En la configuración del relato, se identifican tres aspectos fundamentales interconectados entre sí: la organización temporal, la referencia y la agentividad. Cada función se opera en el relato en estrecha relación con las demás.
La organización temporal determina una estructura diacrónica. El tiempo del relato es bidimensional, constituido paralelamente entre una dimensión interna y otra externa. El tiempo interno del relato da un orden secuencial a los eventos. Es el tiempo que precisa la duración de los episodios, su lugar en una cadena de eventos, uno detrás de otro. El tiempo externo corresponde a la perspectiva de quien construye la secuencia. Los eventos pueden ser presentes, pasados o futuros, en referencia al lugar en que se ubica el narrador. Tenemos entonces que el tiempo del relato se compone en la secuenciación y ubicación temporal del narrador. Estos aspectos de la organización temporal del relato son indicados con los usos verbales (conjugaciones o tiempos verbales) y los escenarios narrativos, respectivamente. En otras palabras, las operaciones narrativas correspondientes a la secuenciación se ubican en el orden de los verbos conjugados, mientras que la ubicación temporal del narrador se hace ver en los espacios en que toma lugar la acción.
La siguiente función de la configuración es la referencia. Este aspecto determina la alusión que el narrador hace a los objetos-persona que constituyen los sujetos de la oración, pues en todo relato se deben precisar una serie de objetos, personas y lugares. Este aspecto del relato es fundamental, pues responde la pregunta de qué de la historia y se llamará también referencia a la operación narrativa que aporta este elemento estructural. (La referencia se indica con el uso de artículos, pronombres, sustantivos). En el relato autobiográfico se presenta además un elemento específico del uso de la referencia: un aspecto de la estructura narrativa que se relaciona con la capacidad de hablar de sí mismo, un rasgo esencial de este tipo de relatos. Esta función denominada autoreferencia se asocia al uso adecuado del pronombre personal singular de primera persona (Yo) que el narrador opera en la designación de sí mismo dentro del relato.
Es pertinente terminar esta conceptualización estructural del relato utilizando una consideración aristotélica del modelo narrativo de la tragedia, pues en ella está la esencia del último momento del arte de la configuración:
“La tragedia es representativa no de hombres, sino de acción, de vida y de felicidad (la desgracia también reside en la acción), y el fin buscado es una acción, no una cualidad… Además sin acción no puede haber tragedia, mientras que sí la podría haber sin caracteres” (Aristóteles, Poética, citado por Ricoeur, 1996).
Lo que Aristóteles resalta en esta comprensión del modelo narrativo de la tragedia (drama), es la presencia de la acción como elemento fundamental de un relato. Toda historia se construye en relación a sujetos que deben ubicarse en tiempos y escenarios, a propósito de su hacer. Sólo articulando a los sujetos con la acción se construye un elemento fundamental de la trama: el personaje. Dicho de otra forma, la acción toma forma en el relato en la figura del agente. La agentividad es la función que se manifiesta en el momento en que se articulan la acción y el sujeto en la trama. La operación narrativa correspondiente a esta función es la adscripción. Esta operación se define como “la atribución a un sujeto-persona de un predicado-proceso eventual, en acto o terminado” (Claude Bremond, Lógique du Récit, 1973, citado por Ricoeur, 1996).
En síntesis, la estructura del relato se construye en la articulación de estos tres pilares fundamentales, pues a su vez, cada uno de ellos se sustenta en los otros. De esta forma la estructura del relato puede verse como la articulación de sujetos y sus acciones en contextos espacio-temporales.

Dale Chihuly, Sea Form, 1985, Glass
La descripción de la interacción de estos tres elementos estructurales se facilita utilizando un ejemplo de contenido narrativo concreto. Imagine que usted es un(a) espectador(a) en una sala de teatro dotada de una plataforma giratoria móvil, que permite instalar diferentes puestas en escena (diferentes actores, ambientaciones, escenografía). Imagínese ahora que presencia una obra en la que el escenario cambia de súbito, girando la plataforma rápidamente. En esta obra no habrá un espacio permanente en el se logre ver el desarrollo de la acción, y en su lugar, muchas escenas rotas harán una historia desordenada. Eso mismo, dicho en términos del análisis estructural es, que si la organización temporal está alterada en la dimensión del contexto en que se ubica el narrador, la referencia se hará inespecífica por estos rápidos y bruscos saltos temporo-espaciales. Así, la agentividad también se alterará, puesto que los sujetos no tendrán nombre ni espacio y se convertirán en meras “apariciones”.
El estudio del paciente con diagnóstico de esquizofrenia será realizado a partir de las estructuras narrativas que configura. Una aproximación a la subjetividad que se inscribe dentro de la producción de relatos rescata al ser comunicativo que se esconde detrás de la etiqueta de la enfermedad mental. El uso del lenguaje es una herramienta fundamental a estudiar, no sólo por el placer de analizar un acto creativo de la subjetividad, sino por su importancia como acto comunicativo, que origina, fundamenta y determina las relaciones humanas a partir de la construcción de significados compartidos. Debido a estas consideraciones, el estudio del sujeto psicótico debe ser abordado a partir de su capacidad narrativa.

Sin embargo dentro de todo esto hay variaciones de acuerdo al sujeto y la percepción física de su realidad, que personalmente no había tenido en cuenta hasta que me encontré con este articulo dos años atrás (de suerte aun anda por la red).
Desde entonces le sigo la pista a Oliver Sacks e incluso hay dos de sus trabajos en celuloide.
Que buen post me gusta lo de Modalidad narrativa de pensamiento
Comment by Giovanny — January 13, 2006 @ 9:15 pm
Bueno, como querías un comentario mío aquí te va. Ya había pasado por aquí y había visto tu blog varias veces, lo que pasa es que (siendo sincera) no entiendo mucho del asunto, es como demasiado técnico para mí, ya me había dicho Sareto que eras buena con esto. Los que más me han gustado son los post de GH y D porque me parecen sencillos y por supuesto humanos, pero me parece bien lo que estás haciendo con esta loquera. De todas maneras yo te visitaré a ver si quedo pichiruchi (que no sé qué es) como dice el doc. Saludos
Comment by Soledad — January 16, 2006 @ 7:12 pm
Muy complejo y técnico tu artículo pero apasionante. Me gusta leer teoría, pero soy muy selectivo y crítico. Por ratos tu resumen se vuelve rebuscado (perdón, pero lo considero innecesario).
Me gusta mucho una de tus observaciones al explicar la importancia del estudio de “la narrativa” por parte de los psicólogos: eso de que están escuchando. Porque por muchos años, sobre todo algunos de ellos, solo se habían dedicado a dictaminar.
Poco he leído de Ricoeur pero lo poco que he sacado en limpio me gusta mucho. Obviamente yo miro la narrativa desde otra perspectiva menos comprometida con la realidad “síquica” de seres que necesitan curación.
Has condimentado tu presentación de estas teorías con maravillosas ilustraciones de formas marinas vitrificadas. Wow! ¡Que loquera!
Eso ha facilitado y endulzado su lectura.
¡Este blog va pa´rriba!
Enhorabuena, porque ya como Rana eres famosa:)
Comment by Álvaro Ramírez — January 17, 2006 @ 7:59 am
GIOVANNI. Sacks es un material de lectura obligado para los interesados en neuropsicología, específicamente eso que nombrás (quizás incorrectamente) como percepción de la realidad. Escribe muy bien, eso lo hace interesante, porque en esto es muy facil volverse más técnica que expresión, y él combina las dos muy bien.
SOLE. Te señalo otra coincidencia sobre los posts que te gustaron, son demandas de consulta muy centradas en la sexualidad. Sólo cuerpo.
ALVARO. Gracias por los halagos y la crítica. Ya verás más adelante que mi resumen si es necesario para comprender lo que viene en los capítulos posteriores sobre la esquizofrenia y el relato.
Comment by loquera — January 17, 2006 @ 6:21 pm
Tienes razón, me deje llevar por la emoción al relacionar la narrativa del paciente como elemento de análisis, y las experiencias de pacientes con problemas de ceguera sicológica y ceguera médica. Ups! Como te haz dado cuenta me encanta el tema pero de tecnicismos poco, ya voy aprendiendo.
Comment by Giovanny — January 18, 2006 @ 1:22 am
Ohh no, lo que son las coincidencias……definitivamente estoy más cerca de la sexualidad mía y de otros de lo que imaginaba. Ultimamente hay mucho de eso que me rodea, que está cerca de mí, y a veces me da miedo de lo que pueda encontrar (porque hay curiosidades infinitas sobre el tema). En fin
PD: Hablando de sexualidad, y leyendo tu post sobre Imposibilidades creo, me ha pasado lo mismo que te pasó a ti cuando A te dijo que te tocaras…….yo tampoco he sentido nada….. que será????
Comment by Soledad — January 19, 2006 @ 6:26 pm
GIO. Qué bueno que te emociones con estas cosas. Eso es gratificante y me motiva a seguir publicando mis ideas sobre el problema de la esquizofrenia.
SOLEDAD. Me gusta lo de las curiosidades infinitas y el miedo en la exploración de la sexualidad. Supongo que lo que nos imposibilita esos sentires, es la ausencia de deseo.
Comment by loquera — January 28, 2006 @ 5:02 am
Mi estimada Rana y Soledad, no es que se esté dando una ausencia de deseo, el deseo esta ahí en Ustedes, lo que pasa es que no se lo permiten, lo están embotellando!!!
Salud!!! Y que me den más de esa botella, por favor
Comment by Adriana — February 16, 2006 @ 3:30 pm
Hola, me parece un buen resumen acerca de la función que tiene la narración en el ser humano, me gustaria ver algún caso que hayas trabajado con esta técnica en la clinica, ya que actualmente me encuentro realizando un proyecto donde pueda hacer uso de la narrativa como medio proyectivo de lo que somos.
Comment by Yenni — September 16, 2008 @ 2:52 pm
me gustaría saber que bibliografía sobre Bruner usaste, es posible?
Comment by Ana — November 13, 2009 @ 9:56 pm
BRUNER, J. (1986) “Realidad Mental y Mundos Posibles. Los Actos de la Imaginación que le dan Sentido a la Experiencia”. Trad. Beatriz López. Barcelona: Paidós.
Comment by loquera — November 14, 2009 @ 2:04 am